México tiene una industria del acero al borde del colapso. Por primera vez en 25 años, las acerías del país operan apenas al 55% de su capacidad instalada, un nivel que no se registraba desde antes del año 2000. La causa directa: los aranceles del 25% —luego elevados al 50%— que el gobierno de Donald Trump impuso al acero mexicano bajo la disposición 232, lo que provocó que las exportaciones a Estados Unidos se desplomaran 53% durante 2025.
La industria siderúrgica mexicana había sobrevivido crisis financieras, pandemia y fluctuaciones del mercado global, pero la combinación de política arancelaria estadounidense y competencia desleal de acero chino resultó devastadora. El sector, que emplea directamente a cientos de miles de trabajadores y sostiene cadenas enteras de manufactura, reportó una contracción del 10.5% en el consumo interno durante 2025.
Según Expansión, las empresas del sector operan a pérdida en múltiples plantas y han comenzado a reducir turnos y personal. El consorcio CANACERO advirtió que sin medidas de protección inmediata, varios complejos industriales podrían cerrar antes de que finalice el primer semestre de 2026. La presión llega también desde Asia: el acero chino, excluido del mercado estadounidense por sus propios aranceles, busca desembarcar en México a precios imposibles de competir.
Para los analistas, la recuperación depende de la renegociación de condiciones dentro del T-MEC y de la ejecución efectiva del Plan México, que promete reactivar inversión productiva nacional. Sin embargo, el pronóstico más optimista —un repunte del 4% en consumo para 2026— llega tarde para una industria que ya sangra. La pregunta urgente no es si se recuperará, sino cuántas plantas quedarán en pie para verlo.




