El gobierno federal anuncia el inicio de una de las transformaciones más ambiciosas del sistema de salud en décadas: a partir de abril, millones de mexicanos sin acceso a seguridad social recibirán una credencial digital que les garantizará atención médica en cualquier instalación del IMSS, ISSSTE o IMSS Bienestar. El esquema elimina la necesidad de derechohabiencia para acceder a servicios que antes estaban reservados a trabajadores formales.
El Servicio Universal de Salud representa el intento del gobierno de Sheinbaum de resolver una de las fracturas más profundas del sistema médico mexicano: la diferencia abismal entre quien tiene empleo formal y quien no. Según datos oficiales, más del 40% de la población mexicana trabajaba en la informalidad al inicio del sexenio, lo que la dejaba sin acceso real a hospitales, medicamentos y especialistas.
El programa se apoya en una inversión récord: durante 2026 el gobierno comprará 816 equipos de alta tecnología médica por más de 11,000 millones de pesos, incluyendo mastógrafos, tomógrafos, resonadores magnéticos y aceleradores lineales. El presupuesto federal para salud creció 5.9% respecto al año anterior, con énfasis en la transformación digital del sistema.
Los críticos señalan que la infraestructura hospitalaria pública sigue siendo insuficiente para absorber una demanda masiva sin tiempos de espera prohibitivos. La historia del IMSS y el ISSSTE está plagada de reformas anunciadas con pompa que tardaron años en materializarse. El verdadero examen para el Servicio Universal no será el lanzamiento en abril, sino cuántos pacientes realmente reciben atención de calidad seis meses después.

