Mientras la Casa Blanca exige extradiciones y endurece su retórica contra México, Claudia Sheinbaum acaba de abrir un canal que Estados Unidos no controla. El Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea aterriza en territorio mexicano como antídoto y advertencia: diversificar dejó de ser un lujo y se convirtió en póliza de seguro.
La maniobra responde a meses de tensión con la administración Trump, que ha presionado a Palacio Nacional con solicitudes de captura contra funcionarios mexicanos y advertencias migratorias. La estrategia europea estuvo congelada durante años; ahora Sheinbaum la desempolva justo cuando Washington recuerda que la vecindad no siempre es sinónimo de cortesía.
El canciller Roberto Velasco busca acceso preferencial para el campo mexicano, reconocimiento de denominaciones de origen como el tequila y el mezcal, y nuevas reglas para atraer capital europeo. En paralelo, el bloque europeo pide certidumbre jurídica y mercados abiertos para sus empresas, una demanda que arrastra tensiones desde el sexenio pasado.
La presidenta sostuvo en la mañanera que la relación con Estados Unidos no atraviesa una crisis, pero su lenguaje diplomático contrasta con la velocidad con la que el gobierno mueve fichas hacia Europa. La pregunta que sobrevuela los pasillos del poder no es si el acuerdo se firmará, sino qué tanto cambiará el mapa comercial de México antes de que termine el sexenio.

