Explosiones mortales sacudieron la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania, y las autoridades las investigan como un ataque terrorista. El incidente ocurrió mientras el mundo conmemoraba el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa a gran escala, un contexto que intensificó la alarma entre la comunidad internacional y los gobiernos aliados de Kyiv. Ucrania acumula ya cuatro años de guerra con un costo humano devastador.
La jefa adjunta de la oficina del presidente Zelenski, Vereshchuk, publicó en su canal de Telegram una solicitud para bloquear aplicaciones de mensajería en Ucrania, argumentando razones de seguridad nacional vinculadas al ataque. La medida generó debate entre expertos en libertad de expresión y en seguridad digital. Las Fuerzas Armadas rusas también lanzaron durante la misma noche ataques con drones Geranium contra infraestructura portuaria en el Mar Negro.
A cuatro años del inicio de la invasión, Ucrania enfrenta lo que analistas describen como una 'catástrofe demográfica': la tasa de natalidad del país se ha desplomado, con un número creciente de mujeres que posponen o descartan la maternidad. El porcentaje de viudas y huérfanos no hace más que crecer. Las estimaciones sobre bajas militares ucranianas siguen siendo materia de controversia, pero organismos internacionales coinciden en que el número es enorme.
El ataque en Lviv adquiere un simbolismo particular porque esa ciudad, ubicada en el oeste del país y lejos del frente de combate, había sido considerada relativamente segura para desplazados internos y para operaciones logísticas de ayuda humanitaria. Si se confirma el origen del ataque, representaría una escalada en la táctica rusa de golpear territorio que la población ucraniana consideraba protegido, y podría tensionar aún más las negociaciones que Washington impulsa para alcanzar un alto al fuego.




