México atraviesa una de las reformas más ambiciosas de su sistema de salud con la creación del Servicio Universal de Salud, un modelo que pretende integrar al IMSS, al ISSSTE y al IMSS-Bienestar en una sola estructura interoperable.
La promesa central es concreta y toca la vida cotidiana de millones: que cualquier persona pueda atenderse en distintas instituciones sin importar a cuál esté afiliada, eliminando una de las barreras más frustrantes del sistema actual, donde el tipo de derechohabiencia determina dónde y cómo se recibe atención.
El proyecto se apoya en la transformación digital del sector y en el uso de tecnologías como la inteligencia artificial para enfrentar padecimientos de alta prevalencia, como la diabetes y la obesidad. El presupuesto federal destinado a salud para el año contempla un incremento cercano al 6 por ciento respecto al ejercicio anterior.
El desafío será que la integración funcione en la práctica y no solo en el papel: expedientes compatibles, abasto de medicamentos y personal suficiente. Si lo logra, cambiaría de raíz la experiencia de acudir a un hospital público en el país.



