La NASA convirtió un avión conocido como Dragon Lady en laboratorio para perseguir uno de los fenómenos más violentos de los incendios forestales: tormentas generadas por el propio fuego. Estas nubes pueden crear rayos, vientos y nuevas igniciones lejos del frente original.
La aeronave ER-2 vuela por encima del tráfico comercial y transporta instrumentos que observan columnas llamadas pirocumulonimbos. El calor extremo eleva aire, ceniza y humedad hasta formar nubes que se comportan como enormes tormentas eléctricas.
Desde esa altura, los científicos miden partículas, gases y la cantidad de humo que llega a la estratósfera. Ese material puede viajar durante semanas y alterar la calidad del aire y el balance de radiación a enormes distancias.
Comprender el proceso mejorará pronósticos y alertas para brigadistas y comunidades. En un clima con incendios más intensos, saber cuándo una columna de humo puede transformarse en tormenta deja de ser curiosidad científica y se vuelve una herramienta de protección civil.





