Carmen Moreno Toscano murió a los 88 años después de una trayectoria que cambió el lugar de las mujeres en la diplomacia mexicana. Su carrera combinó negociaciones multilaterales, embajadas y responsabilidades de alto nivel en la política exterior.
Fue la primera mujer en alcanzar el rango de embajadora eminente, la máxima distinción del Servicio Exterior Mexicano. Representó al país en Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, la Organización de Estados Americanos y otros espacios internacionales.
También ocupó una subsecretaría de Relaciones Exteriores y colaboró en tareas vinculadas con Naciones Unidas, incluida una etapa como asesora del secretario general Kofi Annan. Su perfil fue reconocido por abrir camino en una estructura durante décadas dominada por hombres.
Su muerte deja una referencia para nuevas generaciones del servicio público. Más que una lista de cargos, su legado está en haber convertido una excepción histórica en una posibilidad visible para diplomáticas mexicanas que llegaron después.


