México venció 2-0 a Ecuador y logró algo que se le había negado durante cuarenta años: ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo. La última vez había sido en 1986, también por 2-0, cuando el equipo dejó atrás a Bulgaria.
Los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez bastaron para sellar el pase y desatar una celebración nacional que se sintió en calles, plazas y redes sociales. El resultado no solo vale por el marcador: rompe una carga histórica que perseguía a varias generaciones de aficionados.
El equipo llega además con una credencial que lo distingue del resto de los clasificados: es el único que todavía no ha recibido un solo gol en el torneo, una solidez defensiva que se ha vuelto su sello en esta edición del Mundial disputada en México, Estados Unidos y Canadá.
El siguiente reto tiene nombre y peso propio. México se medirá a Inglaterra el domingo a las 18:00 horas en el Estadio Ciudad de México, en un cruce que promete paralizar al país y poner a prueba si la hazaña puede estirarse una ronda más.





