El gobierno federal impulsa la creación de un Servicio Universal de Salud que promete resolver uno de los mayores dolores de cabeza del sistema: la fragmentación entre instituciones. La meta es que un paciente pueda atenderse donde sea, sin trabas de afiliación.
El modelo pretende integrar al IMSS, al ISSSTE y al IMSS-Bienestar en un esquema interoperable, con expedientes compartidos y reglas comunes. En la práctica, significaría el fin de la peregrinación entre ventanillas para millones de derechohabientes.
La apuesta se apoya en la transformación digital del sector, respaldada por un presupuesto federal de salud 5.9% mayor al de 2025. La digitalización de historiales clínicos y la interoperabilidad son las piezas centrales del rediseño.
El reto no es menor: unificar sistemas con culturas administrativas distintas y niveles de infraestructura desiguales. Si el proyecto avanza, cambiaría de raíz la manera en que los mexicanos acceden a la atención médica pública.


