El Fondo Monetario Internacional volvió a mirar hacia abajo. El organismo recortó nuevamente su previsión de crecimiento para la economía mundial en 2026, estimando ahora una expansión del 3%, frente al 3.1% que proyectaba apenas en abril.
El ajuste, aunque parece pequeño, refleja un entorno global cargado de riesgos: tensiones geopolíticas, incertidumbre comercial y la volatilidad de los precios de la energía. El FMI advierte que el margen para sorpresas negativas se ha estrechado.
El recorte coincide con episodios de inestabilidad en los mercados y con conflictos abiertos que amenazan las cadenas de suministro. La institución subraya que la fragmentación económica global es uno de los factores que frenan el crecimiento.
Para economías emergentes como México, el diagnóstico del FMI funciona como termómetro de las condiciones externas. Un mundo que crece menos implica menor demanda de exportaciones y mayor cautela en las decisiones de inversión.


