México cayó siete posiciones en el Ranking Mundial de Competitividad y se alejó de la meta de entrar al grupo de las diez economías mejor evaluadas. El resultado contrasta con uno de los objetivos más ambiciosos del Plan México y obliga a revisar qué está frenando el desempeño nacional.
La medición del Instituto Internacional para el Desarrollo de la Gestión compara factores como productividad, eficiencia gubernamental, infraestructura y condiciones para los negocios. Un descenso amplio no depende de un solo indicador: refleja rezagos acumulados y mejoras más rápidas de otros países.
La posición importa porque influye en la lectura que empresas e inversionistas hacen sobre costos, certidumbre y capacidad de crecimiento. También revela problemas que terminan afectando la vida cotidiana, desde servicios públicos deficientes hasta menor creación de empleos formales y productivos.
El reto para el Gobierno es convertir una meta de ranking en cambios verificables. Sin avances en energía, logística, seguridad, educación y reglas estables, el objetivo de escalar posiciones corre el riesgo de quedarse en una aspiración mientras la competencia internacional continúa moviéndose.





