La cifra de muertos por las inundaciones en Nepal subió a 903, mientras 4,247 personas permanecen desaparecidas. La magnitud del balance convirtió la riada en una de las peores catástrofes recientes del país y mantiene abiertas operaciones de rescate en comunidades aisladas.
El agua destruyó caminos, viviendas e infraestructura, dejando zonas enteras sin acceso terrestre ni comunicaciones estables. Equipos de emergencia trabajan entre lodo y escombros, pero la extensión de los daños y el riesgo de nuevos deslizamientos retrasan la llegada de ayuda.
La búsqueda no se limita a zonas residenciales: trabajadores y estudiantes quedaron atrapados en instalaciones cercanas a los cauces. Cada hora reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes, mientras hospitales y refugios reciben a personas heridas o desplazadas.
Después del rescate llegará una emergencia prolongada de agua potable, alimentos, salud y reconstrucción. Nepal necesitará apoyo internacional para atender a las víctimas y restaurar conexiones básicas en un territorio montañoso donde cualquier traslado exige tiempo y recursos.






