Por primera vez en la historia del sistema de salud mexicano, un ciudadano afiliado al IMSS podrá atenderse en una clínica del ISSSTE o del IMSS-Bienestar sin trámites adicionales ni discriminación de servicios. El proceso de integración, que busca hacer interoperable a las tres principales instituciones públicas de salud del país, está en marcha y contempla una inversión de más de 13 mil millones de pesos en equipamiento médico durante el año en curso.
Entre los equipos incluidos figuran siete aceleradores lineales para tratamiento de cáncer, diez resonancias magnéticas y 66 mastógrafos equipados con inteligencia artificial para detección temprana del cáncer de mama. La apuesta tecnológica convierte a esta adquisición en una de las más ambiciosas del sector salud en décadas, con énfasis particular en enfermedades con alta mortalidad y diagnóstico tardío en México.
El eje digital del proyecto es el expediente clínico electrónico único: un sistema que permitirá a cualquier médico del sector público consultar el historial completo de cualquier paciente, independientemente de la institución donde haya recibido atención previa. La credencial única de salud, actualmente en fase piloto, es el instrumento que dará acceso a este expediente en tiempo real.
Los retos son considerables. La integración de tres burocracias con culturas institucionales distintas, sistemas informáticos incompatibles y sindicatos con diferentes condiciones laborales representa un desafío logístico sin precedente. Los especialistas coinciden en que el modelo es correcto pero advierten que la velocidad de implementación podría abrir brechas si no se gestiona con cuidado la transición en los estados con mayor rezago en infraestructura.


