México elevó su protesta ante Estados Unidos por una práctica que añade un desvío incierto al proceso de deportación: enviar a ciudadanos mexicanos a Guatemala, Honduras o Costa Rica en vez de retornarlos directamente a territorio nacional. Claudia Sheinbaum afirmó que no existe razón para colocar a los connacionales en esa ruta.
El comisionado del Instituto Nacional de Migración, Sergio Salomón Céspedes, informó que alrededor de 2 mil 900 personas fueron trasladadas a Guatemala y Honduras, mientras otras 20 llegaron a Costa Rica. El Gobierno mexicano ha expresado su inconformidad por medio de la Cancillería y la Secretaría de Gobernación.
Cuando las autoridades detectan uno de estos traslados, los consulados contactan a los deportados y coordinan su regreso. Quienes llegan a Guatemala y Honduras vuelven por tierra hacia la frontera sur; el grupo enviado a Costa Rica retornó por vía aérea al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.
Todos los mexicanos incluidos en el recuento ya están nuevamente en el país, pero el problema no está cerrado porque los envíos continúan. La presión diplomática busca impedir que la deportación implique más fronteras, más horas de traslado y mayor vulnerabilidad para personas que deberían ser entregadas directamente a las autoridades mexicanas.






