La catástrofe en Nepal sigue creciendo incluso después de que el agua retrocedió. Las autoridades elevaron el balance a por lo menos 1,252 personas muertas y 4,216 desaparecidas, mientras la identificación de los cuerpos avanza con una lentitud dolorosa para miles de familias.
Solo 95 cuerpos habían podido ser identificados y entregados a sus seres queridos. La policía pidió muestras de sangre y perfiles de ADN a familiares, y China envió expertos y equipo para apoyar el proceso. Entre los desaparecidos hay al menos 583 extranjeros.
La crecida alcanzó entre 15 y 18 metros por encima del nivel habitual del río Trishuli y devastó asentamientos a lo largo de unos 72 kilómetros. En campamentos temporales, sobrevivientes intercambian alimentos por medicinas y enfrentan la pérdida de viviendas, documentos y medios de subsistencia.
El desastre expone la vulnerabilidad del Himalaya ante lluvias extremas, colapsos glaciares y desarrollos construidos en corredores de riesgo. La prioridad inmediata es localizar personas y sostener a los desplazados; después vendrá una reconstrucción que deberá considerar un clima cada vez más impredecible.





