El estrecho de Ormuz, paso crucial para la energía mundial, vivió una operación militar y comercial sin precedente dentro del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Fuerzas estadounidenses escoltaron 40 buques mercantes que transportaban 18 millones de barriles de petróleo mientras ambos países intercambiaban ataques.
La operación combinó recursos aéreos, navales y espaciales para vigilar el tránsito, repeler oleadas de drones y neutralizar misiles antibuque. Al mismo tiempo, Estados Unidos atacó cerca de 60 objetivos alrededor del estrecho, incluidos radares, defensas aéreas, activos marítimos y sitios vinculados con la colocación de minas.
Antes de la guerra cruzaban por esta vía alrededor de 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del petróleo mundial. El tránsito sigue muy por debajo de ese nivel porque las navieras temen ataques y deben navegar entre controles iraníes, bloqueos estadounidenses y operaciones de escolta.
Para México, productor pero también consumidor de combustibles importados, la tensión puede trasladarse a precios internacionales, costos logísticos e inflación. La salida de un gran convoy alivia el suministro por unas horas, pero no resuelve el riesgo de que una escalada cierre la arteria energética más sensible del planeta.





