Un hombre armado abrió fuego en plena luz del día en la zona arqueológica de Teotihuacán, uno de los sitios patrimoniales más visitados del mundo, matando a una turista canadiense e hiriendo a 13 visitantes de distintas nacionalidades. El atacante fue herido por elementos de la Guardia Nacional y minutos después se quitó la vida, poniendo fin a uno de los episodios de violencia más perturbadores en un sitio patrimonial de México.
El autor de los hechos fue identificado como Julio César Jasso Ramírez, un ciudadano mexicano de 27 años que llegó al sitio con una mochila táctica cargada con más de 50 cartuchos útiles y un arma blanca. Entre sus pertenencias se hallaron manuscritos, imágenes y literatura relacionada con la masacre de la preparatoria Columbine, ocurrida el 20 de abril de 1999. El ataque fue perpetrado en el 27 aniversario de ese crimen. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el agresor actuó de manera solitaria y premeditada.
Tras el tiroteo, el sitio arqueológico fue cerrado temporalmente y reabierto días después con un esquema reforzado de 135 elementos de seguridad, incluyendo 50 miembros de la Guardia Nacional, 16 policías auxiliares y 69 custodios del INAH. Se instalaron arcos detectores de metales y se establecieron revisiones más exhaustivas a todos los visitantes. La imagen de México como destino turístico seguro recibió un golpe internacional que las autoridades intentan manejar con rapidez.
El caso abrió un profundo debate sobre la vulnerabilidad de los 195 sitios arqueológicos abiertos al público bajo custodia del INAH. La embajada de Canadá emitió un comunicado y medios internacionales cubrieron el ataque con amplio despliegue. Expertos en seguridad piden una revisión integral de los protocolos en zonas patrimoniales, señalando que la inusual combinación de afluencia masiva y espacios abiertos las convierte en blancos difíciles de proteger con los modelos de seguridad actuales.

