El peso mexicano, que durante meses mantuvo una fortaleza inusual frente al dólar y se ganó el apodo de 'superpeso', comenzó la jornada cediendo terreno frente al billete verde, que se apreció un 0.23% para cotizar en 17.3698 pesos. Aunque el movimiento parece modesto en cifras absolutas, ocurre en un momento de máxima sensibilidad: la confirmación de que los aranceles de Trump son permanentes cambió el panorama de riesgo percibido sobre la economía mexicana de manera repentina.
El peso mexicano había sostenido niveles históricamente fuertes gracias a una combinación de factores: remesas en máximos históricos, tasas de interés entre las más altas del mundo emergente, y el fenómeno del nearshoring, que convirtió a México en el destino preferido para la relocalización de fábricas que buscan acercarse al mercado norteamericano. Sin embargo, cuando el principal pilar de ese modelo —la integración libre con Estados Unidos— se pone en duda, los mercados reaccionan.
Los analistas de casas de bolsa advierten que la presión sobre el peso podría intensificarse en las próximas semanas si las negociaciones comerciales con Washington no generan señales positivas. La industria automotriz, que representa una fracción decisiva del PIB manufacturero de México, es el termómetro más sensible a los movimientos del tipo de cambio y a las señales de política comercial desde la Casa Blanca.
Para el ciudadano de a pie, el debilitamiento del peso se traduce en un encarecimiento de productos importados: desde electrónicos y línea blanca hasta insumos industriales y medicamentos con componentes extranjeros. En un contexto político donde la inflación sigue siendo un tema sensible, cualquier movimiento sostenido del tipo de cambio tiene consecuencias directas en los precios del consumidor y en la aprobación del gobierno.

