Lo que el gobierno federal presentó como una reforma 'casi administrativa' al sector eléctrico esconde transformaciones de fondo que expertos en energía califican como las más significativas para la inversión privada en más de una década. Los cambios en las reglas de participación para generadores independientes y en los esquemas de despacho de energía alteran el modelo de negocio de decenas de empresas que operan en el mercado eléctrico nacional.
Especialistas consultados por medios financieros coinciden en que la reforma —aunque presentada con un perfil técnico bajo— implica modificaciones al mercado spot, a los contratos de largo plazo y a los mecanismos de certificación de energías limpias que afectan directamente la viabilidad económica de proyectos en operación y en desarrollo.
El sector más sensible parece ser el de las energías renovables, donde empresas nacionales y extranjeras han invertido miles de millones de dólares en los últimos años. Algunos contratos firmados bajo las reglas anteriores podrían quedar en una zona gris regulatoria que genera incertidumbre jurídica y podría derivar en arbitrajes internacionales.
El gobierno defiende la reforma como un mecanismo para fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad y garantizar la soberanía energética del Estado. La revisión del T-MEC prevista para julio añade presión al panorama, ya que Estados Unidos ha señalado el tratamiento a las energías renovables como uno de los puntos de fricción en las negociaciones comerciales bilaterales.


