El Estadio Azteca, renombrado Estadio de la Ciudad de México para efectos del torneo, se prepara para un hecho sin paralelo en la historia del fútbol: ser el único recinto del mundo en inaugurar tres Copas del Mundo diferentes. Lo hizo en 1970 con Brasil ante Checoslovaquia, en 1986 con Bulgaria ante Italia, y el 11 de junio repetirá el ritual con México enfrentando a Sudáfrica en la ceremonia inaugural del torneo más grande jamás celebrado, con 48 selecciones y 104 partidos.
La fiebre mundialista ya se vive en calles, mercados y escuelas. Los comercios reportan ventas récord de camisetas, banderas y artículos oficiales de la FIFA. Las aerolíneas que operan rutas hacia las tres ciudades sede —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— registran ocupación cercana al 100% para las semanas del torneo. Los hoteles de la capital cotizaron habitaciones para los días del debut a precios que triplican la tarifa normal.
El formato ampliado del torneo asegura que México disputará al menos tres partidos en casa antes de la fase eliminatoria. La selección, dirigida por Javier Aguirre, viene de una preparación intensa y los aficionados esperan que la ventaja de jugar en el Azteca, donde la altura de 2,240 metros sobre el nivel del mar es un factor histórico determinante, compense las debilidades que el equipo mostró en eliminatorias.
Más allá del fútbol, el impacto económico del torneo en México se estima en más de 5,000 millones de dólares, entre turismo, consumo local, transmisiones y publicidad. El gobierno federal proyecta que el Mundial generará el mayor pico de derrama turística en la historia del país, en un año donde la economía necesita estímulos ante la desaceleración global.

