El golpe más duro al suministro energético global en años llegó desde el Golfo Pérsico. Irán atacó tres buques petroleros más en el Estrecho de Ormuz, el corredor por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. La respuesta de los mercados fue inmediata y brutal: el crudo Brent se disparó un 9.2%, superando los 100 dólares por barril por primera vez en casi cuatro años. Goldman Sachs advirtió que si el bloqueo se extiende un mes, el precio podría promediar 110 dólares.
Los ataques iraníes —ejecutados con una nueva generación de drones navales de superficie— forman parte de una escalada militar sin precedentes en la región desde que Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones contra la República Islámica. Cuatro militares estadounidenses murieron cuando un avión cisterna se estrelló en Irak. Analistas del Financial Times afirman que Estados Unidos ha agotado en semanas reservas de armamento que tomó años acumular.
Irán prometió mantener el Estrecho de Ormuz cerrado y advirtió que el mundo debe 'prepararse para el petróleo a 200 dólares'. La amenaza no es retórica: aproximadamente 20 millones de barriles diarios pasan por ese canal, suministrando a economías tan diversas como la de China, Japón, India y gran parte de Europa. Un cierre prolongado generaría una crisis energética global comparable a los shocks petroleros de los años 70.
Para México, el impacto es directo: aunque el país produce su propio petróleo, los precios internacionales determinan el costo de las gasolinas y del gas que millones de familias consumen a diario. La escalada en los precios del crudo presiona al gobierno de Sheinbaum a absorber el costo vía subsidios o trasladarlo al bolsillo de los consumidores, ninguna opción fácil en un año de crecimiento económico débil.

