El peso mexicano cerró el lunes 15 de junio en 17.16 pesos por dólar y este martes abrió en 17.22, consolidándose como una de las monedas emergentes con mejor desempeño en lo que va del año. El fenómeno, bautizado como el 'superpeso', tiene esta vez varios combustibles simultáneos que lo distinguen de episodios anteriores.
El primero es el nearshoring: la reconfiguración de cadenas de suministro globales que lleva a empresas de manufactura a instalarse en México como plataforma de exportación hacia Estados Unidos sigue atrayendo inversión extranjera directa. El segundo factor es el Mundial FIFA 2026: los flujos de divisas generados por turistas y transmisiones internacionales están llegando al sistema financiero, incrementando la oferta de dólares en el mercado.
A estos elementos se suma un tercer detonador geopolítico: la posibilidad de un acuerdo de cese al fuego entre Estados Unidos e Irán, que el vicepresidente JD Vance dijo que podría firmarse esta semana. La noticia redujo la percepción de riesgo global y favoreció a monedas de mercados emergentes como el peso. Analistas también citan las expectativas positivas sobre la renegociación del T-MEC como un respaldo estructural a la moneda.
Economistas advierten que la fortaleza del peso tiene una cara amarga para los exportadores mexicanos, cuya competitividad se erosiona con cada centavo que el dólar pierde frente al peso. Además, una moneda muy apreciada puede frenar la inversión en sectores que dependen de las exportaciones. El Banco de México observa el fenómeno con cautela antes de decidir si interviene o ajusta su política de tasas.





