La FIFA presume estadios prácticamente llenos, pero el éxito comercial del Mundial deja una pregunta incómoda: cuántos aficionados comunes pudieron pagar la fiesta. La asistencia preliminar alcanzó 99.7% y el torneo superó los 6.7 millones de espectadores.
El contraste está en las entradas. Los boletos oficiales para algunos partidos de grupos partieron de 575 dólares y los mejores lugares para la final llegaron a 32 mil, mientras el promedio de reventa para el último encuentro rebasó 11 mil dólares.
La organización aplicó precios dinámicos, una estrategia que ajusta el costo según la demanda. El sistema maximizó ingresos y mantuvo las tribunas llenas, pero desató críticas por convertir un espectáculo popular en una experiencia cada vez más dependiente del poder adquisitivo.
México compartió la sede y aportó una de las aficiones más intensas, por lo que el debate continuará después del silbatazo final. El récord de público demuestra el tamaño del negocio; la barrera de precios anticipa la discusión que enfrentarán futuros organizadores.



