Estados Unidos reanudó ataques contra instalaciones iraníes después de que una ofensiva de Teherán matara a dos soldados estadounidenses en Jordania y dejara a un tercero desaparecido. La respuesta elevó de nuevo la posibilidad de una escalada regional difícil de contener.
Los blancos incluyeron activos de la Guardia Revolucionaria, vigilancia costera, defensas aéreas y capacidades para lanzar misiles y drones. Irán, a su vez, atacó instalaciones estadounidenses en Kuwait, Baréin y Jordania, ampliando el mapa de un conflicto que ya presiona a varios gobiernos de la región.
El punto más delicado está en el estrecho de Ormuz, paso de alrededor de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier interrupción prolongada podría disparar los precios del crudo, encarecer combustibles y transporte y trasladar la tensión militar al bolsillo de consumidores muy lejos del Golfo.
Para México, productor de petróleo pero también importador de combustibles y bienes, el efecto sería mixto y potencialmente inflacionario. La nueva ronda de ataques reduce el margen para una salida rápida y mantiene a los mercados pendientes de cada movimiento naval y aéreo.



