Un reconocimiento público de la DEA al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, terminó convertido en un nuevo choque diplomático. La presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que los elogios selectivos y las críticas desde Estados Unidos buscan sembrar divisiones dentro de su equipo de seguridad.
La mandataria defendió la coordinación del gabinete y aseguró que esos intentos se encuentran con una estructura unida. Su respuesta llegó después de que el director de la agencia antidrogas destacara el trabajo de Harfuch, en un momento de vigilancia intensa sobre la cooperación bilateral contra el narcotráfico.
Sheinbaum fue más allá de la defensa personal y vinculó ese tipo de mensajes con una práctica histórica de injerencia. Señaló que actores estadounidenses intentan influir en las elecciones y en la percepción pública mexicana, aunque subrayó que la estrategia no ha conseguido romper la coordinación interna.
La controversia importa porque seguridad, inteligencia y extradiciones dependen de una relación funcional con Washington. Si los reconocimientos públicos se interpretan como presión política, la cooperación puede volverse más cautelosa justo cuando ambos países necesitan compartir información con rapidez y reglas claras.






