SpaceX sufrió un segundo aborto de lanzamiento en menos de una semana cuando un Falcon 9 apagó sus motores apenas después de la ignición. El incidente se sumó al intento fallido de Starship y abrió nuevas preguntas sobre el ritmo operativo de la compañía.
La misión debía colocar satélites Starlink en órbita desde California. Días antes, varios motores de Starship no encendieron correctamente en Texas, cerca de la frontera mexicana, lo que obligó a detener el vuelo de prueba en el último instante.
Los retrasos se reflejaron en el mercado: las acciones ampliaron su caída desde máximos y la empresa perdió parte de la valoración que había construido tras su salida a bolsa. SpaceX reprogramó el ensayo de Starship mientras revisa y sustituye componentes de los motores.
El revés importa en México por la expansión de Starlink, la cercanía de Starbase y el peso creciente de los servicios satelitales en conectividad. La empresa mantiene una cadencia inédita de vuelos, pero dos abortos consecutivos recuerdan que la velocidad industrial no elimina los riesgos técnicos.





