Rusia lanzó sobre Kiev uno de los mayores ataques aéreos desde el inicio de la invasión, con un saldo de al menos 21 civiles muertos, más de 90 heridos y daños en unos 130 inmuebles. El alcalde de la capital lo describió como el mayor bombardeo contra la ciudad desde 2022.
La ofensiva combinó 74 misiles —con un número inusualmente alto de proyectiles balísticos— y cerca de 496 drones, una avalancha que saturó las defensas antiaéreas. Entre los daños figura el derrumbe parcial de un edificio de apartamentos tras el impacto directo de un proyectil, además de incendios en distintos puntos de la ciudad.
El presidente Volodímir Zelenski responsabilizó a los aliados internacionales por la falta de sistemas de defensa aérea. "Si nuestros aliados hubieran cumplido a tiempo lo prometido, hoy podríamos haber salvado más hogares y más vidas", declaró tras la noche de destrucción.
Desde Moscú, el ataque se presentó como represalia por los recientes golpes ucranianos contra refinerías rusas, en una escalada que vuelve a alejar cualquier perspectiva de tregua y confirma que la guerra ingresó a una fase de bombardeos masivos sobre zonas civiles.


