El gobierno mexicano firmó con la industria siderúrgica un acuerdo que muchos en el sector llevaban una década esperando: el Estado dará prioridad al acero nacional en obras públicas, licitaciones y proyectos de infraestructura, y abrirá un esquema de financiamiento para fortalecer la producción interna. La medida es uno de los pilares más concretos del llamado Plan México.
La siderurgia ha sufrido por años el embate de importaciones a precios bajos provenientes de Asia, especialmente de China, que han desplazado a productores mexicanos en sectores como construcción y línea blanca. El convenio busca revertir esa tendencia y, al mismo tiempo, blindar empleos en estados como Coahuila, Michoacán y Nuevo León.
Claudia Sheinbaum encabezó la firma con cámaras empresariales y representantes sindicales, en una señal política de que el contenido nacional será un eje del proyecto industrial del sexenio. Banobras participará con líneas de crédito específicas y la Secretaría de Hacienda prepara estímulos fiscales para empresas que se modernicen.
El acuerdo se firma bajo la sombra de la revisión del T-MEC en 2026 y de las negociaciones con Estados Unidos para excluir automotrices chinas del tratado. Para los industriales del acero, la coyuntura es una oportunidad única: ganar terreno en el mercado interno y posicionarse como proveedores estratégicos para una región norteamericana que se quiere blindar de Asia.





