La actividad industrial mexicana dio una señal de resistencia al crecer 0.5% durante julio frente al mes previo. El movimiento representa su avance más fuerte en 33 meses y corta parte del pesimismo acumulado por la debilidad económica.
Los datos desestacionalizados muestran dos meses consecutivos de expansión. La manufactura volvió a aportar impulso, mientras el desempeño de construcción, minería y generación de energía mantuvo diferencias importantes.
El repunte llega en medio de incertidumbre comercial y costos financieros todavía elevados. Para las empresas, la mejora puede traducirse en mayor utilización de plantas y pedidos, aunque un par de meses positivos aún no confirma una recuperación sostenida.
La continuidad dependerá del consumo interno, la demanda de Estados Unidos y las decisiones de inversión. Si el avance se mantiene, la industria podría convertirse en un soporte clave para una economía que ha mostrado poco margen de crecimiento.






