Marcela Balderas Rodríguez llevaba días sin dormir bien cuando recibió la confirmación que cambió todo: su hijo Alan Leonardo Alarcón Balderas había sido localizado con vida en Torreón, Coahuila. La noticia fue celebrada como un pequeño milagro en el círculo de madres buscadoras que integran el colectivo Fuundec-M, acostumbradas a jornadas que terminan de manera muy distinta.
El caso de Alan es uno de los pocos con desenlace positivo en un país donde la cifra de personas desaparecidas supera las 100 mil registradas en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas. El colectivo Fuundec-M —Familiares Unidos en la Búsqueda y Localización de Desaparecidos de México— ha construido a lo largo de años una red de rastreo, inteligencia comunitaria e intercambio de información que en este caso fue determinante para dar con el paradero del joven.
La organización opera en una de las regiones históricamente más afectadas por la desaparición forzada y la violencia del crimen organizado. Sus integrantes, mayoritariamente madres, combinan la búsqueda en campo con la presión institucional para que las autoridades mantengan los casos activos y no los archiven prematuramente.
La localización de Alan no cierra el dolor de decenas de familias que siguen esperando noticias de sus seres queridos en la región de La Laguna. Pero sí recuerda que el trabajo organizado de los colectivos ha logrado resultados que el Estado, por sí solo, no ha podido garantizar. Para Marcela, la noticia no solo significa recuperar a su hijo; significa que la búsqueda vale la pena.


