El féretro del ayatolá Ali Jamenei quedó expuesto al inicio de una despedida que se prolongará durante días y que Irán ha convertido en una demostración de fuerza ante Estados Unidos e Israel. Las autoridades calculan una asistencia de entre 15 y 20 millones de personas, lo que sería el mayor funeral de Estado en la historia del país.
Jamenei murió a los 86 años en un ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel contra su complejo, el primer día de la guerra que estalló meses atrás. Su entierro, previsto inicialmente para marzo, se aplazó mientras el conflicto se prolongaba.
El calendario contempla ceremonias de despedida ininterrumpidas, una procesión principal en Teherán que recorrerá diez kilómetros y el posterior traslado del cuerpo, para culminar con su sepultura en la ciudad santa de Mashhad, donde nació. Representantes de más de cien países, incluidos funcionarios de China, India y Pakistán, están convocados.
Más allá del duelo religioso, el despliegue tiene una lectura política evidente: proyectar unidad interna y resistencia frente a Occidente en un momento en que las negociaciones diplomáticas quedaron en pausa. El funeral se ha vuelto, en sí mismo, un mensaje de Estado.


