El peso mexicano recuperó una fortaleza que pocos analistas esperaban y volvió a cotizar por debajo de 17 unidades por dólar. El avance ocurre en un entorno de tensión comercial y contradice previsiones que lo colocaban mucho más debilitado.
Pronósticos de Banxico y firmas de Wall Street habían contemplado niveles cercanos a 21 pesos por dólar. La moneda resistió gracias a flujos financieros, tasas relativamente atractivas y expectativas de que México conserve acceso preferencial al mercado estadounidense.
Reforma e Infobae coincidieron en que el movimiento se produce mientras México y Estados Unidos discuten aranceles y el futuro del T-MEC. La fortaleza beneficia a importadores y viajeros, pero reduce el valor en pesos de remesas e ingresos de exportadores.
El tipo de cambio puede girar con rapidez si cambia la política comercial o monetaria. Más que celebrar una cifra aislada, empresas y familias necesitan administrar el riesgo de una moneda sensible a decisiones tomadas en Washington y a flujos globales de capital.






