Roger Federer volvió a empuñar una raqueta en el Arthur Ashe Stadium y transformó una exhibición en un viaje inmediato a la memoria del US Open. El suizo enfrentó a Andy Roddick ante una grada dispuesta a celebrar cada golpe.
Federer se impuso por 6-3 y pisó la cancha principal del torneo por primera vez en siete años. La aparición formó parte de la semana dedicada a los aficionados y no de un intento por competir nuevamente en el circuito profesional.
CNN e Infobae coincidieron en que el exnúmero uno fue contundente al descartar un regreso formal. El encuentro permitió ver destellos de su precisión, pero también dejó claro que su relación con el tenis se encuentra ahora fuera de la exigencia diaria.
La respuesta del público mostró que su atractivo no depende de puntos ni trofeos nuevos. Federer puede volver para una noche, vencer a un viejo rival y marcharse sin romper el retiro que convirtió su carrera en un recuerdo completo.






