Durante décadas, un paciente del IMSS que llega a urgencias a una clínica del ISSSTE empieza desde cero: su historial, sus alergias, sus diagnósticos previos y sus medicamentos quedan fuera del sistema. El proyecto del Servicio Universal de Salud apunta directamente a ese absurdo y promete resolverlo mediante un expediente clínico electrónico único y compartido entre todas las instituciones públicas.
El modelo permitirá que cualquier ciudadano se atienda en la unidad de salud más cercana, sin importar si es derechohabiente del IMSS, el ISSSTE o el IMSS-Bienestar. Para hacerlo posible, el gobierno trabaja en conectar todos los hospitales públicos a internet este año y en construir una infraestructura de datos que haga interoperables sistemas que llevan décadas operando de forma aislada.
El reto técnico es enorme, pero el obstáculo más difícil puede ser el cultural. El sistema de salud público mexicano tiene décadas de historia institucional separada, con sindicatos, protocolos y culturas organizacionales distintas en cada institución. Los expertos advierten que la tecnología es el requisito mínimo, pero no suficiente: se necesita voluntad política sostenida y capacitación masiva del personal.
Para los 70 millones de mexicanos que dependen del sistema público de salud, la promesa es concreta: menos filas, menos repetición de estudios costosos y una atención más coordinada. Si el proyecto se ejecuta en los plazos previstos, podría ser la transformación más significativa del sector salud en décadas.



