Mientras buena parte del país dormía, la tierra no dejó de moverse. El Servicio Sismológico Nacional contabilizó al menos 19 sismos entre la medianoche y las cinco de la mañana, con magnitudes que oscilaron entre 1.8 y 3.8 grados.
La actividad no se distribuyó de manera pareja. El sur y el suroeste concentraron la mayor parte de los movimientos, con Oaxaca, Chiapas y la franja costera del Pacífico como epicentros recurrentes de una noche especialmente inquieta.
Aunque las magnitudes se mantuvieron en rangos bajos y no se reportaron daños, la sucesión de temblores en pocas horas reavivó la conversación sobre la vulnerabilidad sísmica de esas regiones, ubicadas entre las más activas del territorio nacional.
Especialistas recuerdan que este tipo de enjambres son relativamente comunes en zonas de alta actividad y no anticipan necesariamente un evento mayor. Aun así, sirven como recordatorio de que en el sur de México la calma siempre es provisional.





