En un punto remoto del océano Pacífico, la naturaleza mostró toda su furia. El supertifón Bavi descargó vientos intensos y amenaza de inundaciones sobre las Islas Marianas del Norte, un territorio estadounidense habitado por comunidades acostumbradas a la fuerza del mar, pero no por ello menos vulnerables.
Los residentes de estas islas remotas enfrentaron ráfagas capaces de derribar estructuras y anegar zonas bajas, en una de esas tormentas que ponen a prueba la capacidad de respuesta de lugares alejados de los grandes centros de decisión.
La magnitud del fenómeno reactivó las advertencias sobre la intensificación de los ciclones en un océano cada vez más cálido, un patrón que preocupa a científicos y autoridades de gestión de desastres en toda la cuenca del Pacífico.
Mientras pasa lo peor del temporal, la prioridad es proteger vidas y garantizar el abasto en un territorio donde cada emergencia se complica por la distancia. Bavi vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de las islas frente a un clima extremo.





