El Festival de Cine de Venecia levantó el telón con una mezcla de poder mediático, estrellas y debate sobre desigualdad. La película inaugural, Ink, dirigida por Danny Boyle, reconstruye la compra del diario británico The Sun por Rupert Murdoch y el nacimiento de un nuevo modelo de prensa popular.
La edición también reservó uno de sus grandes reconocimientos para George Clooney, distinguido con un León de Oro honorífico por su trayectoria. Su presencia reforzó el brillo de una apertura que reunió industria, crítica y figuras internacionales en el Lido.
Más allá de la alfombra roja, la presidenta del jurado, Maggie Gyllenhaal, señaló que existe un problema sistémico que perjudica a las directoras. Su declaración colocó la representación y el acceso a financiamiento dentro de la conversación de un certamen capaz de impulsar carreras y marcar la temporada de premios.
La edición número 83 se extenderá hasta el 12 de septiembre y combinará estrenos de alto perfil con discusiones sobre quién controla las historias y quién consigue dirigirlas. Esa tensión entre prestigio, mercado y diversidad será una de las claves para medir su impacto.




