Jongno 3-ga, en Seúl, fue elegido como el barrio más atractivo del mundo en una clasificación de vida urbana. La zona combina templos, comercios tradicionales, puestos de comida y una intensa escena nocturna.
Su éxito no proviene de una renovación que borró el pasado, sino de la convivencia entre generaciones y comunidades. Cafés nuevos ocupan espacios cercanos a mercados y talleres con décadas de historia.
La clasificación valora accesibilidad, cultura, comida y sentido de pertenencia. También puede atraer una oleada turística capaz de elevar rentas y desplazar a quienes construyeron esa identidad.
Para ciudades mexicanas, la lección es proteger la vida cotidiana que hace interesante a un barrio. Convertir todo en escaparate puede destruir precisamente aquello que los visitantes buscan.




