La UNAM amplió el monitoreo sísmico con nuevas estaciones y herramientas de análisis. El objetivo es registrar con mayor precisión movimientos pequeños y entender mejor las zonas donde se acumula tensión.
Cada sensor aporta información sobre ubicación, profundidad y energía liberada. Al combinar datos de diferentes regiones, los especialistas pueden mejorar mapas de riesgo y modelos del subsuelo.
El monitoreo no permite predecir la fecha de un terremoto, pero sí fortalece alertas, normas de construcción e investigación. Comunicar esa diferencia evita falsas expectativas y rumores.
Para un país expuesto a múltiples placas tectónicas, ampliar la cobertura es una inversión preventiva. Los datos también ayudan a evaluar edificios e infraestructura después de un evento importante.





