El mundo amaneció mirando hacia un estrecho de agua de apenas 56 kilómetros de ancho con más ansiedad que nunca. Donald Trump lanzó un ultimátum de 48 horas a Irán exigiendo la reapertura del estrecho de Ormuz, advirtiendo que de no cumplirse destruiría las centrales eléctricas iraníes 'empezando con la más grande'. La respuesta de Teherán fue inmediata y sin ambigüedades: si Estados Unidos ataca, el estrecho quedará cerrado indefinidamente.
El conflicto tiene su origen en una guerra que comenzó a finales de febrero de 2026 y que ya suma más de tres semanas de escalada en Oriente Medio. El cierre casi total del estrecho de Ormuz — por donde transita normalmente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo — ha disparado los precios del crudo internacionales y reducido el tráfico marítimo a apenas el 5% de su nivel habitual. Los mercados energéticos globales están en alerta roja.
Para México, cuya economía está ligada al precio del petróleo como exportador y como consumidor, las implicaciones son inmediatas. El aumento de los precios del crudo impacta en la inflación, en el costo de los combustibles y en las proyecciones presupuestales de Pemex. Expertos advierten que un cierre prolongado del estrecho podría tener efectos en cadena sobre economías emergentes en todo el mundo.
El mando operativo de Irán fue explícito: el estrecho permanecería cerrado hasta que cualquier infraestructura dañada por un posible ataque estadounidense fuera reconstruida. Analistas de geopolítica en Washington alertan que Trump podría estar cruzando una 'línea roja' cuyas consecuencias serían impredecibles. La cuenta regresiva del ultimátum corre mientras diplomáticos de todo el mundo buscan desesperadamente una salida.

