En medio de las protestas, el director general del IMSS, Zoé Robledo, anunció una nueva propuesta de incremento salarial global del 8%, integrada por un aumento de 4% al salario tabular y otro 4% destinado a apoyos para gastos de vivienda.
El ofrecimiento representa una modificación respecto de las negociaciones anteriores y fue aceptado por la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS). Sin embargo, sectores inconformes rechazaron el acuerdo al considerar que no responde plenamente a sus demandas.
Los manifestantes solicitan un aumento directo del 10% sobre el salario base, además de mejoras en las condiciones hospitalarias, contratación de más personal, disponibilidad de materiales médicos y revisión de los esquemas de jubilación.
Otra de sus exigencias es la salida de Rafael Olivos Hernández de la dirigencia sindical, a quien responsabilizan de no representar adecuadamente los intereses de distintos grupos de trabajadores.
La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó las negociaciones salariales y señaló que el Gobierno busca identificar áreas de ahorro para mejorar las remuneraciones. También reconoció la necesidad de atender problemas relacionados con el abastecimiento de insumos y la modernización administrativa del instituto.
Las movilizaciones reflejan un conflicto que va más allá de los sueldos, pues involucra condiciones de trabajo y la calidad de los servicios médicos. Mientras la dirigencia sindical considera positivo el nuevo acuerdo, los grupos disidentes mantienen sus exigencias y advierten que las protestas podrían continuar.




