El teléfono ya ocupa en la vida de muchos menores mexicanos el equivalente a una jornada completa. Datos presentados por el Gobierno indican que niños y adolescentes pasan hasta siete horas diarias frente a pantallas, una exposición asociada con ansiedad, depresión, aislamiento y pérdida de sueño.
La preocupación también llegó a las familias: más del 83% de los padres cuestiona esos hábitos y más del 70% apoya algún tipo de regulación. La discusión contempla foros regionales y posibles lineamientos para las escuelas, sin eliminar las herramientas digitales de las aulas.
El problema no es solamente el aparato, sino las funciones diseñadas para retener la atención: desplazamiento infinito, recomendaciones automáticas y recompensas inmediatas. Un estudio citado en el debate encontró que el 48% de los adolescentes pierde el control del tiempo que pasa con el móvil y el 11% reconoce efectos negativos en su desempeño escolar.
La regulación enfrentará una prueba difícil: repartir responsabilidades entre familias, escuelas, Gobierno y plataformas. Limitar horarios puede ayudar, pero los especialistas advierten que la solución también exige educación digital y reglas para las empresas que diseñan los algoritmos.






