Abril se perfila como el mes más retador para la administración de Claudia Sheinbaum. La combinación de tensiones con Estados Unidos, un precio del petróleo disparado por la guerra con Irán y un crecimiento económico anémico coloca al gobierno en una posición de alta presión, según un grupo de analistas consultados por medios nacionales.
El entorno internacional se endureció cuando Donald Trump perfiló un nuevo gabinete con posturas más duras frente a México, en particular en temas migratorios y comerciales. A esto se sumó el incremento en el precio del crudo, que aunque beneficia a Pemex, encarece la gasolina y golpea el bolsillo de los consumidores.
En el frente interno, el PIB crece por debajo del 1% y la inversión privada sigue sin reactivarse. El sector empresarial pidió al gobierno un plan urgente para destrabar proyectos de infraestructura y dar certeza a las inversiones extranjeras directas.
Pese a los nubarrones, la presidenta mantiene una aprobación del 70%, una de las más altas en el mundo. Sus defensores aseguran que esa fortaleza política le dará margen para negociar con Washington y administrar la crisis. Los escépticos dudan que alcance.




