Los estados miembros de la Unión Europea y el Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo histórico para aplicar el pacto comercial con Estados Unidos que elimina los aranceles sobre la mayoría de los bienes industriales estadounidenses importados en el bloque europeo. El acuerdo, largamente negociado y varias veces al borde del colapso, reordena las reglas del comercio transatlántico y tiene implicaciones que van mucho más allá del Atlántico.
Para México, miembro del tratado T-MEC con Estados Unidos y Canadá, el acuerdo abre una serie de interrogantes sobre su posición competitiva. Si los productos industriales estadounidenses entran a Europa sin aranceles, las cadenas de suministro integradas bajo el T-MEC podrían verse afectadas, especialmente en sectores como el automotriz, el aeroespacial y el electrónico, donde México actúa como pivote de manufactura para el mercado norteamericano.
Europa, por su parte, buscó equilibrar el acuerdo con salvaguardas sectoriales para industrias sensibles como el acero, los semiconductores y la agricultura. El bloque también negoció compromisos en materia de subsidios industriales y prácticas de competencia desleal que han sido fuente de tensión entre las dos economías durante años.
El acuerdo llega en un momento en que el comercio global se reorganiza en torno a nuevas alianzas y rivalidades. China observa con atención el acercamiento transatlántico, que se produce justo cuando Beijing refuerza sus lazos con Moscú y apuesta por construir un bloque comercial alternativo con socios globales del Sur.

