Una nueva caravana de cerca de 700 migrantes salió de Tapachula con rumbo al centro de México después de semanas de espera y trámites sin respuesta.
Familias y personas solas se agruparon para reducir riesgos en el camino. Muchos relataron que dejaron sus países por violencia, falta de empleo y la imposibilidad de sostener a sus hogares.
La ruta vuelve a colocar presión sobre albergues, autoridades migratorias y servicios de salud en el sur del país. El grupo busca avanzar mientras se definen sus solicitudes o alternativas de regularización.
El movimiento confirma que el cuello de botella en la frontera sur no se ha resuelto y que, cuando los procedimientos se alargan, caminar en grupo reaparece como una salida desesperada.



