La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la Jornada Nacional de Reforestación 2026, programada para el domingo 9 de agosto. La meta es ambiciosa y deliberadamente medible: plantar más de seis millones de árboles en un solo día con la participación de 235 mil personas.
El operativo se ejecutará de forma simultánea en las 32 entidades federativas y coordinará el trabajo de ocho instituciones de gobierno. La escala logística —trasladar, distribuir y sembrar millones de ejemplares en una sola jornada— convierte al proyecto en uno de los esfuerzos de restauración más grandes intentados en el país.
El anuncio llega en un contexto climático que le da urgencia. México atraviesa una temporada marcada por lluvias extremas en el noroeste y sureste, y por ondas de calor persistentes en el norte, una combinación que expertos vinculan directamente con la pérdida de cobertura forestal y la degradación de suelos.
El desafío real, sin embargo, empieza después del domingo. La supervivencia de los árboles plantados en jornadas masivas depende del mantenimiento posterior, la selección de especies nativas y el riego durante los primeros años. Sin ese seguimiento, las cifras del día del evento no se traducen en bosque. Con él, la jornada puede convertirse en un punto de inflexión.






