Rusia prolongó su ofensiva aérea contra Ucrania con una nueva oleada que golpeó Kyiv, Dnipró y la región de Odesa. Los ataques mantuvieron a varias ciudades bajo alarma casi continua y provocaron daños en viviendas, instalaciones educativas y almacenes.
Las autoridades ucranianas informaron de al menos dos personas muertas y entre ocho y nueve heridas. En Dnipró resultaron afectados edificios residenciales, mientras en Odesa un ataque interrumpió el suministro eléctrico y dañó infraestructura vinculada con alimentos.
La presión sobre Kyiv entró en una séptima jornada de hostigamiento prácticamente ininterrumpido. El patrón busca agotar defensas antiaéreas y capacidad civil, mientras los gobiernos de Vladimir Putin y Volodímir Zelenski intercambian advertencias y endurecen sus posiciones.
La destrucción de energía y logística tiene efectos más allá del frente: complica la vida cotidiana, encarece la recuperación y amenaza exportaciones agrícolas por el mar Negro. Una campaña sostenida puede volver más vulnerable el abasto global de granos y ampliar el costo humanitario antes de cualquier negociación.




