La decisión, anunciada el viernes 16 de octubre y retomada este lunes por El País, representa un cambio importante para la conectividad entre ambos países, después de meses de negociaciones y desacuerdos sobre las condiciones de operación de las aerolíneas.
La disputa se originó por medidas adoptadas por el Gobierno mexicano para reorganizar las operaciones aeroportuarias del Valle de México. Entre ellas se encontraba la decisión de trasladar los vuelos de carga al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y los cambios en la disponibilidad de horarios de despegue y aterrizaje, conocidos como slots, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
El Departamento de Transporte estadounidense sostuvo que esas decisiones afectaban a las compañías de su país y al acuerdo bilateral de transporte aéreo. Como respuesta, Washington impuso restricciones que derivaron en la cancelación de 13 rutas y limitaron las operaciones existentes y futuras de las aerolíneas mexicanas.
Las negociaciones se intensificaron durante 2026 y México aceptó medidas para garantizar un acceso más equitativo de las aerolíneas estadounidenses a los horarios disponibles en el AICM.
Tras revisar los avances, Estados Unidos revocó las restricciones, lo que permitirá a las compañías mexicanas evaluar nuevas rutas y aumentar frecuencias hacia el mercado estadounidense.
Aeroméxico y Volaris recibieron favorablemente la decisión, al considerar que abre oportunidades para ampliar sus servicios y fortalecer la conectividad internacional.
El acuerdo también tiene importancia para los pasajeros, el turismo y las actividades comerciales, aunque la apertura efectiva de nuevas rutas dependerá de las decisiones operativas de las aerolíneas y de las autorizaciones correspondientes.




