A días de que arranque la primera ronda oficial de negociación bilateral del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, la relación entre los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa una fuerte zona de turbulencias. Diferencias en materia arancelaria, migración y seguridad han elevado la tensión justo cuando ambos países se preparan para sentarse a la mesa más importante de su agenda económica.
La ronda de negociación, pactada para la semana del 25 de mayo en la Ciudad de México, abordará cuatro ejes prioritarios: reglas de origen para productos industriales, seguridad económica, minerales críticos y acciones comerciales complementarias. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante comercial de EU, Jamieson Greer, coordinaron el acuerdo para iniciar las conversaciones formales.
El contexto es determinante: en julio, los tres países signatarios deben decidir si extienden el tratado por 16 años adicionales o si optan por un esquema de revisiones anuales hasta 2036. La decisión que se tome en las próximas semanas definirá las reglas del comercio norteamericano por más de una década y afectará directamente a millones de trabajadores y empresas en México.
En paralelo, las calificadoras internacionales mantienen un ojo puesto en las negociaciones: Standard & Poor's ya cambió su perspectiva sobre México a negativa, citando el lento avance fiscal y la presión sobre la deuda pública. Un TMEC renovado en buenos términos podría ser el ancla que estabilice la percepción de los mercados.

