Lo que hasta hace poco era un privilegio de quienes podían pagar clínicas privadas de alta especialidad comienza a filtrarse al sistema público de salud mexicano: la medicina personalizada, que usa el perfil genético y bioquímico de cada paciente para diseñar tratamientos más precisos, ya forma parte de los protocolos de atención en unidades del IMSS y otros centros públicos.
El modelo abandona la lógica de 'una dosis para todos' y apuesta por identificar biomarcadores —moléculas o variaciones genéticas específicas— que permiten predecir qué fármacos funcionarán mejor en cada organismo, reduciendo efectos secundarios y optimizando los resultados clínicos. La aplicación inicial se concentra en enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y algunos tipos de cáncer.
El avance tecnológico que hace posible este salto es la masificación del análisis genómico, cuyo costo ha caído drásticamente en la última década. Lo que costaba miles de dólares hace diez años hoy puede realizarse por unos cuantos cientos de pesos, abriendo la puerta a su integración en la medicina de primer nivel.
Médicos especialistas advierten que el proceso requiere formación continua del personal de salud y sistemas de cómputo capaces de procesar grandes volúmenes de datos genéticos. El gobierno federal anunció una inversión para actualizar la infraestructura informática de los principales hospitales de referencia durante el segundo semestre del año.





